En este día lluvioso posteo finalmente mi artículo para BATA. Es un borrador de todo lo que quisiera decir, pero sé que en algún momento lo retomaré y perfeccionaré, después de todo el input bibliográfico de la Diplo.
Diplomatura en Educación y Nuevas Tecnologías - FLACSO
Bases y Actualizaciones en Tecnologías Aplicadas
La Leyenda del Minotauro “Re-visitada”: La Web 2.0
Prof. Marina N . Cantarutti
Muchos han comparado a la Web 2.0 con un laberinto de información. Para nosotros, profesores de Inglés, Internet es una maraña de recursos y de riqueza de materiales de exposición al idioma. Sin embargo, la variedad y inconmensurable cantidad de sitios (29.72 billones de sitios indexados hasta el día 13 de junio de 2009 por http://www.worldwidewebsize.com/) y la materialización de la Ley de Gilder (Romaní et al 2007:92) se convierte en un dolor de cabeza a la hora de seleccionar los materiales más apropiados, muchas veces desde la ceguera de no saber si un sitio es “creíble”(web credibility), y si los contenidos son realmente de una fuente “original”, o de un cut-and-paste de otras fuentes que no han sido citadas.
“Para el lunes, traer información….” es una frase oída comúnmente en las clases. Y más allá de las falencias pedagógicas de muchos docentes de no especificar qué aspecto de un tema se espera que investiguen, de qué manera deben procesar lo encontrado (muchas veces impreso y no leído por los alumnos!), tanto a profesores como a alumnos nos falta criterio para enseñar y aprender a seleccionar. Y esta dificultad está basada en muchas de las características de la Web 2.0, críticamente analizadas en el libro Planeta Web 2.0 de Romaní y Kuklinski (2007), What is Web 2.0 de Anderson, e Internet y la Sociedad Web de Castells.
Que la información está en una “escala épica” (Anderson) en la Web no puede ser negado. Tampoco puede ponerse en duda que, como establece Drucker, el conocimiento “pasó a ser un bien público”. (en Romaní 2007:43). Si bien el conocimiento puede ser alcanzado con un solo click, muchos cuestionamientos podrían hacerse acerca de cómo alcanzarlo realmente, y de cómo la inteligencia colectiva (Levy, 2005) es realmente facilitadora del acceso a la información.
La primera pregunta es justamente, ¿cómo saber qué es creíble? ¿Es el principio de Wisdom Of Crowds (Surowiecky, 2004) una manera viable de valorizar todo lo que se puede encontrar en Internet? La cultura del folksonomy por el uso de tags para el contenido web ciertamente ha optimizado la búsqueda, y buscadores de tags como TagBulb han hecho más navegables las plataforma web 2.0. ¿Pero hasta qué punto no son sólo apreciaciones personales de la utilidad o interés de una cierta herramienta?
Como dice Castells, “Internet está revolucionando la comunicación por su capacidad de cortocircuitar los grandes medios de comunicación.”. El “ruido” que está presente en Internet, especialmente en lo concerniente a las noticias, es otro factor que pone en jaque la credibilidad y el brand name. Los marcadores de noticias, que deberían “dar tráfico y legitimidad a las páginas” (Romaní et al 2007:20) también son selecciones idiosincráticas de ítems del deporte y entretenimiento, mayormente triviales para el que busca otro tipo de información. Y todo esto dejando afuera a los bullshitters y preachers (Frankfurt, 2006) que pueden ser fácilmente encontrados, inclusive más rápido que los expertos.
Por otro lado, tampoco pueden ser del todo creíbles los motores de búsqueda: el algoritmo PageRank de Google es fácilmente “engañable”, y ya muchas empresas, incluida ILVEM en la Argentina, ofrecen SEO (Search Engine Optimization) para que un cierto sitio se encuentre entre los primeros lugares de la búsqueda. También conocido es el caso de martinlutherking.org, el sitio web racista que hasta enero de 2008 aparecía primero en las búsquedas sobre MLK. Es innegable que ni siquiera una extensión “.edu” u “.org” puede ser de confiar.
Por otro lado, el fenómeno denominado serendipity también distorsiona las búsquedas, en este caso de una manera personal, ya que el encuentro de nuevas alas de información no previstas desvía, no siempre positivamente, una búsqueda concreta, generando ruido y un cierto abatimiento desde lo vasto de la información. Por otro lado, también se posibilita el análisis de la data desde múltiples puntos de vista, entre la “tiranía de los expertos y la sabiduría de los amateurs” (Piscitellin en Romaní et al 2007:20). Para el que busca por “placer”, este fenómeno es desafiante, para el alumno deparado a su suerte en una búsqueda para un trabajo, esto es un distractor.
La segunda gran pregunta es ¿cómo empoderar a nuestros alumnos para navegar el mar de la información y no ahogarse en el caudal de recursos? Como “nativos digitales”, podemos asegurarnos que en gran parte saben utilizar la web. Sin embargo, esta naturalidad de uso puede desembocar en una inherente naturalización de lo que aparece en pantalla. Creo que lo primero que debe hacerse es crear conciencia de la necesidad de evaluación de los sitios, con sus distintas variables: URL, autoridad del sitio, cita de fuentes, contenido y actualización. Los alumnos deben saber sobre las características colaborativas de Wikipedia, su “no ser una fuente primaria” y estar alertas por posibles faltas a la propiedad intelectual, errores y apreciaciones idiosincráticas e ideológicas de los fenómenos. También deben ser alertados sobre los negocios detrás de cada click y en la realidad de la Web 2.0 como una gran comunidad de consumidores, pero especialmente de “productores de contenido”. Esto echa luz también sobre la necesidad de sobrellevar la “carencia de una cultura común del respeto” (Wolton, 2000) que se da no sólo en lo social, sino también en lo informacional e intelectual.
Los profesores de Inglés queremos ir más allá del recurso por el recurso mismo. Queremos que el inglés sea una herramienta de uso crítico pero respetuoso hacia las culturas, e Internet es el medio más cercano de intercambio e intercreatividad (Berners-Lee) para que los alumnos reconozcan la necesidad de la reflexión sobre la información.
Más allá de mi intencionalidad, no puedo dejar de reconocer que mayor parte de mis colegas ven en Internet un enemigo, no sólo por su “tamaño”, sino también por su fugacidad. Este vivir en “beta” puede generar dos actitudes que también son parte del Darwinismo Digital: un abatimiento total por la cantidad de información y la imposibilidad de abarcarla, o un desafío constante de mantenerse relativamente al día con todo lo que sucede. El que toma el primer camino, irá a las fauces del Minotauro. El que decida en el segundo, deberá creer en el WoC pero mantenerse alerta con un espíritu crítico.
lunes, 6 de julio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario